sábado, 20 de febrero de 2016

LAK-BERNA N° 13

 Bienvenidos a la publicación de literatura y artes


 
Directora :Gladys Cepeda

Gracias por sumarse, participar,visitar ,difundir y dejar difundir en sus grupos en facebook ,a los mensajes de apoyo, esto es muy importante ya que logra que mas personas conozcan la publicación y puedan participar o compartirla Tambien a los medios que me han hecho notas para llegar hacia lo infinito !!!!!!!!!!!!!!Comenzando otro año

Un agradecimiento a la querida Liliana Varela con su nota en el programa de radio Al borde de la Palabra.


Lak-berna Revista https://www.facebook.com/pages/Lak-Berna/649006895208007


Editora Y rec0piladora : Gladys Cepeda


Logos realizado por Ana Lucía Montoya Rendón y Mariela Kusner


En este número

Recordando al gran Alberto Ramponelli


ademas  participan :

la artista plástica Carmen Parada-
 y los poetas
 Hugo Luna-Aldo Luis Novelli -Alfredo Pérez Alencart- Gabriela Rivero-Priscila Valone-Marta Elízabeth Còrdoba -Maria del Mar Estrella-Leonor Rodriguez Rodriguez-Maria Rodriguez-Lorena Brito-Oscar Vicente Conde  -Barbara Tarquini-Daniel Arias-Beatriz Arias-Ezequiel M.Buono-Franco del Campo-Eduardo Dolores Servando-Sarah Petrone-Dolores Pombo

Alberto Ramponelli


 Hace muchos años cuando haciamos la revista digital LAK-BERNA el escritor y docente Alberto Ramponelli,participo en la misma  fue un lujo contar con el y con sus hermosos textos y su cordialidad  .He aqui mi homenaje a su memoria  que vive por siempre en todos los que lo conocieron ,amigos escritores ,alumnos y lectores  .

UN HECHO ESTETICO



 Como una palabra tragada por el silencio, puede decirse. Lo cierto es que el tipo cayó desde la cubierta sólida de un barco y luego de teatrales pataleos y manoteos más o menos grandilocuentes, desapareció bajo la superficie del agua. Tal vez, con un poco de suerte, el cuerpo sea devuelto a tierra firme. Pero no resucita; es sólo un cuerpo muerto sobre la arena de la playa. A lo sumo, algunos testigos podrán apreciar la belleza quieta, casi repugnante en su propia fascinación, del ahogado.

 

                                                                                                                                             

 NADIE ESTÁ EN CASA



 Una luz se prende en algún lugar de la casa, pero la casa está vacía (el gato, que dormita solitario sobre un sillón, no cuenta). Un sonido se escucha en algún punto de la casa, pero la casa está vacía. Un objeto cambia de disposición dentro de la casa, pero la casa, claro, está vacía. Y un minuto antes de que sus habitantes regresen, la luz se apaga, el silencio se restituya, el objeto vuelve a su sitio. Sólo el gato ha sido testigo de estos mínimos acontecimientos. Pero, como ya dijimos antes, el gato no cuenta.





ELLOS



Ni siquiera hace falta esperarlos. Uno detrás de otro, llegan. Sin pausa, sin descanso. Llegan. ¿Quién dijo que la espera sin concreción es mala? Esto es mucho peor. Preferible estar al borde del desierto esperando a los tártaros y que estos se demoren infinitamente. Mil veces preferible. Porque acá sí llegan. Uno detrás de otro, llegan. No nos dan tregua, nos dejan vacíos, sin tiempo para pensar, sin un remanso de quietud donde cultivar un conflicto hecho de tedio. Ni siquiera podemos aburrirnos. ¿Quién puede vivir así? Llega la noche, y ellos. Llega el día, y ellos. Ellos, ellos. ¿Rendirnos, quizás? No podemos. Nadie sabe por qué, pero no podemos. Desearíamos lavarnos en viejos fuentones, aunque más no sea, criar un perro, demorarnos un poco en la sobremesa. Pero no. Ellos. A veces incluso nos encerramos en el baño a fumar un cigarrillo, pero enseguida una mano golpea imperiosa la puerta. No hacen falta palabras, el tac, tac, tac, impaciente, dice: vienen, vienen, ellos vienen. Ellos.

Carmen Parada

         Mujer y Diosa                                          





















                                                                                                       Aquí y mañana





































                                                                          

                                                                                                             Vida



                                                                   Regalo de Mayahuel
                                                          

 Mi encuentro con Frida

Hugo Luna

                                      Pintor W.Kandinsky
                                          


Sé del espesor de las cosas
Soles pasan por la niebla
Un camión
Vuelca al costado del camino
Blusas matinales
Pequeñas sandías del olvido
Rojos en la madrugada
Regresan otros viajes
Donde la luz era sustancia
Y recorrido
Un sueño –que parece mío- cruza
En trávelin el horizonte de la ventanilla
Se lo lleva todo




Una señorita de suéter verde
Está sentada en un banco de plaza
La farola apaga el césped
Y la rosa roja
Colores de Kandisky
Ya no llegará la mañana
Y si lo hace será de ese extraño
Color estremecido




Recibe mensaje
Parte
Para repartirlo
La tormenta multiplica escozores
Lo que fue silencio
Vuelve a ser silencio
Un rayo enciende la memoria
De la noche

Aldo Luis Novelli


Estoy en una playa desierta, leyendo los himnos homéricos.
Sin mujeres, sin sirenas de colas humanas, sin enemigos visibles, solo algunos dragones marinos que me observan extrañados y regresan al mar.
Es un buen momento para invocar a Ποσειδῶν y que agite un poco esta tierra caótica del fin del mundo.





andadura
llegué a la arena
y emprendí el viaje
siguiendo el filo marino
caminé
caminé
y caminé
nadé en medio
de dragones marinos
y seguí caminando
caminando
caminando
una manada de minotauros
me salió al encuentro
les relaté un cuento realista
para que me dejaran seguir
y caminé
caminé
y caminé
hasta llegar
al borde de un abismo
miré sus ojos sin fondo
y en ese último reflejo
supe que había llegado
al fin del mundo.

Alfredo Pérez Alencart

                                                   Pintura Beby Añez

 

ORQUÍDEA


La orquídea 

que te ofrezco hoy, 

brotó el año pasado, 

princesa.


Es flor cuidada

en el invernadero

de mi corazón.


Acéptala.

No importa que otros 

la estimen cosa 

de instantes.


También 

la aurora lo es, 

pero renace siempre,


como el amor

que te entregué

el siglo pasado,


princesa.







DESEOS



Pujantes

son los deseos



cuando navegan

hacia el amor.



Pero no todos llegan

al muelle

donde aguardan

las caricias.



Cada tarde

hay naufragios



y cada mañana

se recogen de la

playa



los cuerpos ahogados

de muchos



deseos.

Gabriela Rivero

  Liturgia
 
 
Despierto en pesadilla
la realidad una diáspora perpetua
inspiran tanto en incertidumbre
que apenas inscribe a los bolsillos
somos sólo mendigos de ternura
y nos convidan con la misma emboscada
estallada de aroma a pólvora y caretas.
Vamos construyendo nuestra ´cárcel
con los demonios que llevamos dentro.
Acaso fue Fidias quien ayudó a la piedra
a liberar su grito?
Tan poco de arcilla nos quieren
tan poco agua
todo viento y arena
que no sabremos como esculpirnos
sumergidos en la niebla
entre tanta pintura negra
que Goya volvería a inspirar
“La Quinta del sordo”.
Inauguro la liturgia
de la desesperación.
 
 
 Nuevos tiempos
 
acá en éste cuadro
pasan los años volando
se escucha el silencio
de la casa de al lado
el agua corre
en intento religioso
por la calle avanza el carnaval
y vuelven a aparecer los “botelleros”
como siempre
repletos de corazones rotos
aunque las palomas nos vendan felicidad
cuando pasan a cagarnos la cabeza.
 

Priscila Valone

                                      
                                                       Pintor RODOLFO ABULARACH


Infierno I

Arder a la distancia. Acercarse al no entendimiento y no volver. El inicio del fuego en mi vida es cargar con el primer cuerpo a cuestas/construir una muerte mental como si ideara un bosquejo cadavérico: habrá un cuerpo inmóvil y yo no podré verlo. Habrá cemento y un nombre grabado. Habré pensado en la forma y sensación de la ausencia. Hay pensamientos que no alteran ningún efecto: llegar tarde al cuerpo y saber Que ya no venga ni vendrá. No existe la sensación de ausencia la Ausencia ES en si misma y ES amorfa:
pero a mi me pareció que adquiría
lentamente
la forma de un infierno intenso.


Infierno II

Revolución del fuego. Podía oír a las llamas gritar. Cada cosa en estado de ardor máximo y en aumento. Todo mi cuerpo al rojo vivo se acercaba a darle amor al pequeño cadáver. No hubo tiempo de bosquejos. No hubo pensamientos. De repente todo ardió. El cuerpito amarillando la mañana. El frio quemando los ojos. Los ojos quemando las horas. La tristeza quemando los huesos. La ausencia tiene cuerpo y es fuego que se arrastra encima nuestro. Este es el inicio del infierno eterno: cada vez que despierto me incendio y ardo y muero.

Marta Elízabeth Còrdoba

                                    
                                                Pintor Will Cotton Melrose

no me veas correr
no veas cuando levanto el ruedo de mi falda
no mires cuando seco la lágrima
del que no tiene nada no
necesito magia para
ser Milagro





me comí la vida de un bocado
me comí el amor lo salivé
me tragué los dedos para no tocarte
me comí yo me deglutí
me mastiqué todos los verbos
me escupí volví a comerme


/fragmento de poema 32 en Sin enagua/


 detrás de los colores
la fibra original
la esencia nuestra

 

Maria del Mar Estrella



LOS POETAS NO MUEREN

Los poetas no mueren. 

 Nacen aL otro lado de la vida. 
En esa dimensión del extravío  donde los cuerpos danzan 
con liviano equipaje al son de una verdad llamada sueño. 
Los poetas no mueren, se transforman en aire iluminado 
en voz sacrílega, pócima de energía vital 
que va de boca en boca refractando bandadas de absoluto. 
Los poetas no mueren, se despiden alegremente de sus alas 
sobreviven enamorados de la muerte, 
atravesados por una espina de belleza, un desvarío. 
Desmesurados que sucumben de vértigo mortal, de pena rota. 
Los poetas no callan, anochecen. 
Apenas se despojan del presente saltan hacia el futuro convertidos 
en raíz poderosa, en majestuosa lágrima. 
Allá se va, con su camisa abierta en arcoiris 
mientras  nuestras lágrimas  se vuelven pájaro para volar con él 
y Dios dice que no, que los poetas 
no mueren 
amanecen al otro lado de la vida.




LA VIDA NECESARIA

                                      A las mujeres valiosas que enriquecen la vida

Hay mujeres que tienen la costumbre de mirar a los ojos,
la sincera costumbre de mirarnos

el alma del revés y para siempre.
Hay mujeres que siempre nos encuentran
en el momento justo, al borde mismo de la desolación o del fracaso
y con una sonrisa, una palabra, un mínimo silencio, nos fecundan.
Hay mujeres de luz, de pura raza, milagreras silvestres que florecen
sobre las bacanales del asfalto
hembras de un solo rostro que se animan
a dar el corazón como si nada.
Y apenas las descubres, algo crece en tu interior,
se llena de sonido, de sentido, de solidaridad invulnerable.
 



 Y si un día se van, se van en lluvia, en lluvia consistente
que guardará nuestra raíz. Su huella ha de quedar aquï: en este hueco
del corazón, como queda la fuerza del espíritu
en la vasija rota por el tiempo.
Hay mujeres que alzan la bandera que otras dejan caer.
Mujeres pueblo que reivindican la esperanza.
Porque nunca sabrán su dinastía, que las bendiga el sol.
Y lo que dieron: la vida necesaria!

Leonor Rodriguez Rodriguez


                                                                        Soledad


                                                                    
                                        CARTA A MI ESPOSO EN SAN VALENTÍN.
                                                    de España, Avilés. Asturias

                    

Maria Rodriguez


CRUZ DEL SUR

En mi patria
-que es mi lengua y es mi pueblo-,
es tan ancha de soles su frontera,
tan vestida de cobaltos y de aromas,
de estampidas de pájaros libertos
penetrados de estrellas y de lumbre.


En mi patria
-que es mi pueblo y es mi lengua-,
se fecunda mi cuerpo de los ríos,
de la verde espesura de la flora,
el costero silbido de la brisa,
la estampida caliza de la aurora.


En mi patria
-que es mi lengua y es mi pueblo-,
es tan ancha de soles su frontera,
que aromas azules me despeinan,
la gozosa espesura me desviste,
y me habita su brisa, voz y boca.


En mi patria
-que es mi pueblo y es mi lengua-,
respira mi garganta su escollera
poblada del tizón del horizonte.
Y enervada de justicia, mi bandera
se despliega de pueblos y de voces. 

 
Poemas inéditos

Lorena Brito

                                          
                                                  Pintora Carolyn Hutchings

Composición. Tema: La vaca.

Él despertaba a las cuatro. Vestía su ropa de fajina, tomaba el café negro, una ginebrita, y se iba al campo con paso tosco y seguro.
Volvía a las dos horas y media a desayunar bien, para luego continuar la jornada casi sin descanso, interrumpida sólo por unos mates y algo que morder cuando picara el hambre.
En un tiempo lo había admirado por tesonero y su afán trabajador. Eso la enamoró, junto con aquellos ojos grandes y oscuros, y esas manos recias que levantaban cualquier peso sin esfuerzo a simple vista, cual papel barrilete. Durante el día lo añoraba, y esperaba con la cena lista para contemplar su porte rudo y apuesto a la luz del farol.
La casa era amplia y fría, aislada en medio de grandes sembradíos con unos pocos animales y una pequeña huerta que también ella cuidaba.
Lo despedía mientras juntaba tazas y platos. Luego de dejar todo en estricto orden, ensillaba al caballo que la llevaba hasta la escuela donde daba clase.
Ya no lo extrañaba. De hecho, todo su amor se había convertido en odio y resentimiento desde el día en que una injusta paliza con olor a vino le hizo perder al niño. Había ansiado mucho esas risas infantiles que todo lo impregnan de alegría y perfumados juegos. Pero un golpe fue certero. Uno solo bastó para robarle por siempre la ilusión de ser madre.
Jamás se habló del tema. El silencio se hizo eterno y pesado.
Camino a la escuela rumiaba su odio y desesperación. Al llegar, en lugar de iluminarse con esas tiernas miradas, oscurecía a tal punto que el gélido silencio hogareño se mudaba al aula. Todo era planificado, exactamente calculado, y no había tornado o fiesta que la desviara de lo que ella consideraba su deber.
Los niños no se atrevían a respirar fuerte. Ninguno era suyo, por eso los aborrecía. Cualquier cuenta mal hecha o palote torcido desataba su malhumor.
Cierto día de mucho frío, llegó tarde una niña de triste semblante, la más pequeña del grado. Por supuesto, recibió su castigo por tal osadía. En un rincón y sin recreos, debía escribir dos hojas de una composición cuyo tema era “La vaca”.
Cuando la maestra, que con mueca siniestra disfrutaba el momento, le dio la hoja con el título, la niña la miró fijo. Al instante unas gordas lágrimas brotaron de sus ojitos. Nada dijo la maestra, nada dijo la niña. Sólo escribió unas pocas palabras y al cabo de dos horas entregó la hoja, que la mujer dejó sobre el escritorio con soberbia y sin leer. Seria y con gran ademán dio un discurso acerca de la responsabilidad y la disciplina. Y envió toneladas de tareas para el hogar. Al sonar la campana, juntó sus cosas, las guardó con un orden obsesivo y volvió a su casa otra vez rumiando la desesperanza.
Presta a corregir los cuadernos, sacó la hoja de la niña y leyó:
La vaca es un bicho malo como mi maestra.
La vaca mató a mi mamá.
Mi maestra no me deja olvidarlo.
Atónita quedó. Jamás le faltaron el respeto de tal manera. Su ira estalló, los gritos se mezclaban con el ruido de la loza rota. Arrojó una plancha de hierro contra la foto enmarcada que posaba sobre el modular. ¡Desgraciado! gimió, mientras hacía volar los cajones de cubiertos por el aire. En ese instante él regresó. Al abrir la puerta, se le abalanzó endiablada con la cuchilla hacia el cuello, y con cada puntada su risa se volvió más histérica y chillona.
Quedó tieso en el piso reflejando aún la sorpresa en su rostro.
Ella respiró hondo. Le costó arrastrarlo al zanjón, pero el lodo que produjo la llovizna le permitió deslizarlo. Limpió y barrió la cocina.
Durmió como siempre y se levantó al alba, como la rutina le exigía. Sólo preparó te.
La lluvia torrencial no la amedrentó. Salió a caballo pese a los tirones y corcoveos que éste daba. Mas a mitad de camino el animal se plantó y ella resbaló a un charco. Cayó tan mal que el crac de su columna tronó al igual que la tormenta.
Pasaron horas. No se inmutó. Con los ojos muy abiertos miraba al cielo. La comprensión fue ganando lugar en su alma.
Soy la vaca empantanada que en su furia se hunde cada vez más, pensó.
¡Perdón niña! ¡Seré tu ángel!
Y expiró.

Oscar Vicente Conde ©


Nada que alimente tanta estupidez
sólo yo
ninguna excusa para planificar la huida
dejar las puertas clausuradas
y que tu grito se ahogue en la saliva
como sí fuera sangre de otras venas

sólo yo
buscando salvarme de los imposibles
de los amaneceres grises estallando
molesto con mis pies que nunca saben a dónde van
sin hallar la cruz invertida extraviada en algún cajón

casi siempre cerca del mar esperando que me trague
deambulando por las noches sin salir a la intemperie
escuchando los pasos que nunca se fueron

sólo yo
desnudo
frente al pelotón de fusilamiento

y nadie que resuelva dar la orden final


HUMO
Aquí
el silencio procrea
tras los muros opacos
duerme una daga ciega
aguarda
el calor de una mano
que será garra

aquí
las botas caminan
sobre los despojos
los nubarrones rojos
tapan el sol de verano
hace frío

aquí
ellos cantan el himno
de batallas inexistentes
enarbolan banderas incoloras
golpean el pecho lacerado
todavía recordamos aquel nombre
por siempre
aunque no lo nombran en los libros

aquí
miles de ojos sin lágrimas
esperan tras el horizonte
mientras un humo turbio
les cubre sus cabezas erguidas

muy pronto
un pujante viento humillará al humo
entonces cantaremos otro himno

el nuestro

2014

viernes, 19 de febrero de 2016

Barbara Tarquini

Pintura Marc Chagall 

Heraldas

Hartas de alcoba,
telarañas sin consuelo.

Y me asaltan
las ganas.



Vértigo
cuando levanto la sábana,
y desnuda,
y doy vuela la página.

Que será de mí
si estoy en casa?

Que de clamores
no entiendo nada.

Así se desagua
tu península
mi alma.

 
Prófugo

Fijo,
ecléctico,
bestia,
adónde vas?

Viga plural,
detén tu ánimo,
quítame este cuerpo.

 
Caracol naciente

Agua nunca bendita serás,
liebre,
dichosa y salvaje.

Segundos tragan segundos,
huracán púrpura,
razón en siesta.

armaduras aterciopeladas,
piedra dura,
transformémonos!


Daniel Arias

               Pintura de Joel Rea

4
Dime que es fácil
agujerear el corazón del niño
y verlo sangrar…
Dime que el pulso alucinado
vestido de terciopelo rojo
no ha deshabitado el futuro,
enséñame la idea nueva
porque hay una máscara que viene
y el decreto celeste se ha demorado.
Cuenta tus fragmentos
los vértigos errantes
y la inmensidad creciente de los días.
Debajo de las bocas vive la palabra
de pronto polvo demasiado leve,
procesión de caminos largamente blancos
entre el amanecer y los cangrejos,
junto al refugio de la sangre.
Ocúltame el baile de la sombra
en su gruta de aguas,
no quiero ángeles en laberintos,
no quiero tocar una cascada de enrulados ecos
demasiado distantes.

Dime que los resplandores
no son efímeros cuchillos
debajo de la cifra,
dime que volverás
sobre un bisonte gris por el aire
para quedarte en este río,
aquí reflejado,
largo sueño sobre el agua. 
5

Con su voz de pájaro delgado hasta el suelo
todas las mañanas abraza el relámpago de las horas.
Su corazón escala los tiempos
y nunca puede hablar,
tiene palabras llenas de metal,
vapor encolumnado,
método y disciplina, aceite y blasón,
torbellino de infinitos
y nunca puede hablar.
La palabra, esencia y misterio en el amor
deja huella, magia y luz,
y ahora,
con el vértigo noble de la caída
tampoco dice adiós,
del brillo cerrado de sus ojos
huyen ángeles violetas.
6

Busco en el corazón el arpegio luminoso
la decisiva levedad
el bailarín solitario y su aire gris de ángel
polen sobre la tierra.
No en el fuego o en las altas escalas
no en el viaje circular de la locura
busco en la corriente oscura
ese río de aceitados corredores
un caer continuo en espirales largas.
Busco en el sueño los rincones vacíos
y las torres blancas de la memoria
la nave abrasada por estrellas
la sal marina del naufragio
en apagados murmullos de espuma,
busco a los pescadores que hundieron
su encantamiento sin brújula
busco las redes
la llave del arca
y en la sombra el arco leve
en su quietud,
en soledad perpetua,
busco a Dios.
 Del libro Cielos paralelos